El efecto de los libros de papel en nuestro cerebro

Nuestro cerebro funciona como un músculo: se entrena. Y la lectura es una de las herramientas más potentes para llevar a cabo ese entrenamiento.

La aparición de los ebook en el mercado creó una “batalla” donde la sociedad se dividió entre los que apostaron por la comodidad de las nuevas tecnologías frente a los siguen valorando mas (y prefiriendo) el contacto físico de un buen libro.

Los lectores más “tradicionales” valoran su aroma a hojas nuevas, el pasar página a página, su contacto, escribir pequeñas anotaciones con los típicos post-it, subrayar a lápiz sus frases favoritas o almacenarlos en su estantería como pequeños tesoros individuales.

Pero, según un estudio sobre hábitos de lectura, actualmente solo el 40% de los lectores lee exclusivamente en papel.

En el artículo de hoy os mostramos las ventajas que tiene leer en papel para nuestro cerebro, como siempre, desde la perspectiva de la #neurociencia.

Según la neurocientífica Maryanne Wolf, especialista en el cerebro lector y profesora de la Universidad de California, la lectura no forma parte únicamente del sistema lingüístico. Para leer, el lenguaje tiene que conectarse con la visión, el proceso mental, y sobre todo, con nuestra parte emocional.

¿CÓMO OCURRE ESTO?

Nuestro cerebro tiene la capacidad de crear nuevos circuitos neuronales. Desde el comienzo de nuestra historia, hace unos 6000 años, contábamos con un cerebro muy primitivo, donde se comenzaron a crear conexiones básicas entre símbolos y palabras. Poco a poco, la raza humana fue avanzando y empezaron a aparecer nuevas maneras de transmitir el lenguaje, y con él, nuestro pensamiento. La posterior aparición de los jeroglíficos hace 2000 años, la llegada del alfabeto griego y la escritura más compleja favorecieron a que los circuitos y el propio pensamiento se hacían mas sofisticados. Este desarrollo de miles de años se vuelve a poner en marcha en los niños cuando aprender a leer.

Pero, ¿cómo afecta a nuestra capacidad lectora el soporte que elegimos para disfrutar del nuevo libro que queremos leer?

Para descubrirlo, primero es necesario conocer el concepto de lectura profunda: surge a raíz de la evolución de los circuitos básicos. En ella conectamos la información decodificada con nuestros conocimientos previos, lo que nos permite hacer deducciones, ser mas analíticos y aprender a diferenciar lo que es verdad de lo que no.

Con la narrativa y las novelas se da un fenómeno extra: se produce empatía, ya que tomamos la perspectiva de lo que estamos leyendo. Según Robert Louis Stevenson, autor de La isla del tesoro, los libros más decisivos, generadores de mayor empatía e influencia son las novelas. “Repiten, reestructuran, enseñan lecciones de vida, nos desvinculan de nosotros mismos obligándonos a familiarizarnos con nuestro prójimo”.

Un estudio realizado por un grupo de investigación de Barcelona analizó 50 estudios diferentes, con 170.000 jóvenes permitió demostrar que la comprensión lectora es significativamente mejor cuando se lee en papel.

Naomi Baron, experta en lingüística de la American University también investigó el tema durante dos años. Reunió datos de 429 estudiantes universitarios de Estados Unidos, Japón, Alemania, India y los países escandinavos. Cuando se les preguntó con cuál de ambos soportes se concentraban mejor, el 92 % de los alumnos respondió que con los textos impresos. Muchos señalaron también que, al leer en papel, entienden más y se distraen menos. El 67 % de los estudiantes dijeron sentir que los soportes digitales promueven las actividades múltiples mientras leen, mientras que solo el 41 % experimentó esa sensación al leer del papel. 

Todo esto se debe a que las pantallas afectan directamente a la lectura profunda. Estas funcionan como un mecanismo de defensa contra la gran cantidad de información con la que somos bombardeados. Ojear y leer sin atención se ha convertido en nuestro modus operandi, y la pantalla nos ayuda a avanzar mucho más rápido. Cuando ojeamos no utilizamos el lóbulo frontal, el encargado de la planificación, la selección de objetivos, y la resolución de problemas, por lo que no estamos analizando de forma crítica.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro mientras leemos?

Primero se activa la corteza visual que procesa información consistente en símbolos reconocidos en ciertas áreas del cerebro como letras, mientras otras áreas juntan esas letras y las reconocen como conjuntos que constituyen palabras. A su vez contactan con otras que dotan de significado a esas palabras y grupos de palabras para activar las áreas del lenguaje y generar entendimiento. Esta secuencia de procesos activa el riego sanguíneo y la creación de neuronas.

Según han demostrado diferentes estudios, tras analizar el comportamiento cerebral en lectores de entre 6 y 22 años expuestos a líneas con palabras y garabatos, se registraba mayor actividad neuronal en el hemisferio izquierdo (área relacionada con las funciones verbales), y se reducía en el hemisferio derecho (funciones no verbales).

Cuando aprendemos a leer se están produciendo cambios en la corteza cerebral, el tálamo y el tronco del encéfalo.

En definitiva, nuestro cerebro es un lector infatigable que continuamente está aprendiendo, ya que quien lee, siempre aprende a interpretar desde su propio inconsciente.

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