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¿Qué tienen en común Ikea, el Concorde y el horóscopo?

En este artículo te traigo 5 sesgos que nos afectan cada día y quizá no conocías

Estamos llenos de sesgos y esto no lo podemos evitar.

Pero, por si no conoces lo que es un sesgo, comencemos por el principio…

El cerebro es uno de los órganos más fascinantes de nuestro cuerpo. Y, aunque todavía encierra muchos misterios, en las últimas décadas han tenido lugar avances significativos en la neurociencia que nos han permitido comprender mejor su funcionamiento.

Uno de los descubrimientos más relevantes en este campo llegó de la mano de Daniel Kahneman con su libro Pensar rápido, pensar despacio, publicado en 2011, que planteaba que nuestro cerebro opera utilizando dos sistemas de pensamiento, el Sistema 1 y el Sistema 2:

  • Sistema 1: tiene una forma más primitiva, es el resultado de la evolución de millones de años. Es un sistema automático, rápido, intuitivo y emocional. Por ejemplo, es el responsable de que frenemos cuando vamos conduciendo y vemos un obstáculo en la carretera.

  • Sistema 2: desde el punto de vista evolutivo es más reciente y es lento, consciente, analítico y reflexivo. Se activa cuando llevamos a cabo acciones más complejas, como tomar una decisión sobre un proyecto futuro.


Estos dos sistemas se complementan y cada uno tiene sus propias ventajas y desventajas. El Sistema 2 es más preciso y flexible, pero consume mucha energía cognitiva. Sin embargo, el Sistema 1 consume pocos recursos cognitivos y es eficiente, pero debido a su naturaleza rápida e intuitiva, puede cometer errores. Algunos de ellos son los que conocemos como sesgos cognitivos.

“Los sesgos cognitivos, por tanto, son errores sistemáticos en el pensamiento que afectan a la forma en que tomamos decisiones o percibimos la realidad.”

Hay registrados más de 170 sesgos. Hoy te traigo 5 curiosos que seguro que te generarán un momento “qué interesante”. Sigue leyendo 👇

1. Efecto IKEA

“El efecto Ikea es la tendencia a valorar más los productos que hemos realizado por nosotros mismos”.

Fue bautizado así en honor al ritual de “montarse uno mismo los muebles en IKEA”.

Fue en 2011 cuando 3 neurocientíficos, Norton, Morchon y Ariely hicieron un experimento donde demostraron que apreciamos más los objetos en los que hemos invertido tiempo y esfuerzo. Así pues, existe una mayor valoración personal por la implicación en el proceso y que había una relación directa entre el esfuerzo y el apego.

Sin embargo, el DIY llevaba varios años en el mercado, como con las tartas de Royal. En su interior, estas tartas incluyen un sobre de ingredientes premezclados a los que solo hace falta añadir leche o huevos. Si bien la preparación es muy sencilla y nos ayuda a ahorrar tiempo, nos implicamos en el proceso y sentimos que lo hemos hecho nosotros mismos, lo cual nos genera una mayor satisfacción que si compramos una tarta ya horneada.

2. Efecto arrastre

“El efecto arrastre hace referencia a la tendencia del ser humano a adoptar determinados comportamientos o actitudes porque otras personas lo hacen”.

Este sesgo se explica porque somos seres gregarios y a nuestro cerebro le resulta más sencillo (y ahorra energía) imitando el comportamiento del resto, pues confiamos en que si lo hace la mayoría es la opción correcta.

También se conoce al efecto arrastre como “efecto Bandwagon”. Este término tiene su origen en el siglo XIX, cuando las campañas políticas estadounidenses consistían en carruajes con adornos en los que iban los políticos que animaban a la gente a subirse como apoyo a los candidatos.

Un ejemplo del efecto arrastre o Bandwagon es la clásica forma de decantarnos por un restaurante que está lleno, mientras que si está vacío suele ser un motivo disuasorio.

3. Falacia del Concorde

“Es la tendencia de las personas u organizaciones a seguir invirtiendo en aquel proyecto no rentable o fallido por los recursos previamente invertidos en vez de centrarse en los beneficios futuros”.

La clave de este sesgo está en la justificación del camino recorrido como elemento clave para no soltar lo que no es viable.

Este término viene del avión supersónico Concorde, que fue un proyecto conjunto entre Reino Unido y Francia en el que se invirtió una suma cuantiosa de dinero. A pesar de que durante el proceso se determinó que no sería viable por los costes y la falta de demanda, ambos países prefirieron seguir invirtiendo.

4. Efecto Forer

¿Eres de los que te crees el horóscopo?

“Este sesgo asegura que tendemos a aceptar descripciones vagas y generales sobre nuestra personalidad como si resultaran muy específicas, aunque esas descripciones puedan aplicarse a muchas personas”.

Por ejemplo, cuando leemos el horóscopo y nos sentimos identificados con todos los rasgos asociados a nuestro signo zodiacal.

El nombre de este sesgo viene de un psicólogo estadounidense que, en 1948, hizo un experimento para demostrar su existencia. Descubrió que los sujetos aceptaban descripciones de personalidad vagas y generalizadas que él mismo había creado, tanto así que eran idénticas en todos los casos y, aun así, todos los participantes se sintieron identificados.

5. Maldición del conocimiento

Si no entiendes cómo hay gente que no sabe algo que es obvio para ti, esta es la definición del sesgo de la maldición del conocimiento.

“La maldición del conocimiento hace referencia a que, cuando hemos adquirido un conocimiento específico, nos resulta muy complejo recordar cómo era no saberlo y acostumbramos a subestimar la dificultad de las otras personas para entenderlo.”

Puede ser complicado de gestionar en entornos profesionales y educativos, pues este sesgo nos hace suponer que la información es más clara o fácil de entender de lo que realmente es por el hecho de que nosotros ya la conocemos.

Un truco para esquivar este sesgo es adoptar la perspectiva del principiante. Es decir, intentar recordar cómo era nuestra realidad antes de tener cierta información o conocimientos y ajustar nuestro discurso.

¿Qué te han parecido? ¿Los conocías?

Estos son tan solo algunos de los muchos sesgos cognitivos que influyen en nuestro día a día. Aunque estos sesgos permiten tomar decisiones rápidas sin consumir demasiados recursos cerebrales, también pueden llevar a prejuicios, malentendidos o decisiones cuestionables.

Por ello, reconocerlos y tenerlos en mente nos ayudan a mejorar la forma en que tomamos decisiones y a ser más críticos con ese funcionamiento automático del veloz Sistema 1.

1. ¿Qué es un sesgo cognitivo y cómo afecta a nuestras decisiones de compra?

Un sesgo cognitivo es un atajo mental que usamos para tomar decisiones rápidamente, pero que a menudo nos lleva a juicios irracionales. En marketing, estos sesgos influyen en nuestras elecciones sin que nos demos cuenta, afectando desde qué producto elegimos hasta cuánto estamos dispuestos a pagar.

2. ¿Por qué seguimos comprando cosas aunque sabemos que no las necesitamos?

Esto se debe a sesgos como la disonancia cognitiva y el sesgo de confirmación. Nuestro cerebro busca justificar decisiones emocionales con razones lógicas, y muchas veces preferimos reafirmar nuestras creencias que cuestionarlas, lo que nos lleva a seguir comprando por impulso.

3. ¿Qué tiene que ver el Concorde con las decisiones empresariales?

El efecto Concorde o “coste hundido” ocurre cuando seguimos invirtiendo en algo porque ya hemos invertido mucho, aunque no tenga sentido seguir. En marketing, este sesgo hace que los consumidores se mantengan fieles a productos o marcas simplemente por no «perder» lo ya invertido.

4. ¿Cómo usa Ikea los sesgos cognitivos para aumentar sus ventas?

Ikea explota el “efecto IKEA”: las personas valoran más los productos que construyen ellas mismas, aunque no queden perfectos. Esto genera mayor apego emocional y percepción de valor. También utiliza el recorrido forzado para aumentar el tiempo de exposición y las compras impulsivas.

5. ¿Qué relación hay entre el horóscopo y el marketing?

Ambos se apoyan en el sesgo de validación subjetiva: las personas tienden a interpretar mensajes ambiguos como si fueran hechos a medida. En marketing, esto se traduce en copys que apelan directamente al “tú”, generando sensación de personalización y aumentando la conexión emocional.

El sentido del tacto y la venta

sentido del tacto

Un estudio revela cómo el sentido del tacto es un driver de compra

Las ventas cara a cara pueden ser uno de los escenarios más desafiantes para un vendedor. Todavía lo es más si este se encuentra en un supermercado y le han encargado que aumente las ventas de unas pizzas congeladas utilizando la táctica de la muestra gratuita.

Pero un estudio realizado hace varios años demostró que es posible vender más utilizando uno de nuestros sentidos más poderosos: el sentido del tacto.

¿Cómo afecta el sentido del tacto a la respuesta del cliente?

Este estudio tenía como objetivo investigar el contacto interpersonal a la hora de aceptar una propuesta relacionada con un producto. Para llevarlo a cabo, los investigadores se hicieron pasar por vendedores que ofrecían un trozo de pizza para probar frente a la sección de congelados de un supermercado. Seguro que alguna vez te has encontrado un puestecito así, cuyo objetivo es dar a conocer un nuevo producto.

Los investigadores crearon dos grupos: en uno no hubo ningún tipo de contacto y, en el otro, cuando se preguntaba a los sujetos si querían probar un trozo de pizza, acompañaban la frase con un pequeño toque en el brazo, activando así el sentido del tacto del cliente.

¿Sería suficiente este contacto mínimo para que estuvieran más predispuestos a acceder?

Pues así fue: cuando no hubo contacto, solo un 51 % quiso probar la pizza frente a un 79 % cuando sí lo hubo.

Además, de las personas que la probaron, la compraron el 37 % de los que recibieron contacto y el 19 % de los que no recibieron contacto. Este estudio nos demuestra que, ante un breve y respetuoso contacto físico (en este caso, se mantuvo una distancia adecuada con el sujeto), existe una mayor posibilidad de que el cliente haga lo que le pedimos. Todo gracias al sentido del tacto.

 Eso sí, no hubo diferencias en la prueba hedónica: de entre todas las personas que probaron la pizza no se detectó que el contacto o la ausencia de él cambiaran la percepción del sabor.

¿El sentido del tacto influye igual en hombres y mujeres?

Lo que tampoco no alcanzó a investigar este estudio fue si existía alguna diferencia entre los hombres y las mujeres. De entrada, no parecía haber diferencias, aunque algunos expertos aseguran que los hombres podrían ser más receptivos al contacto puesto que, según argumentan, se sienten menos competentes en el campo de la alimentación.  

¿Por qué el sentido del tacto tiene tanto poder en las ventas?

¿Cómo puede un solo roce incrementar las ventas? El sentido del tacto está asociado con una reducción del estrés, siempre y cuando el tipo de contacto y la zona corporal sean adecuados. Por eso, hay que tener cuidado a la hora de aplicar esta técnica.

“Un pequeño roce en el brazo puede aportar cercanía a la interacción y, además, hace que los clientes tengan una mayor predisposición y sean más accesibles”, concluyen los expertos en neuroventas.

Escenarios ideales para aplicar el sentido del tacto

Un escenario ideal para aplicar la estrategia del sentido del tacto es aprovechar las ferias profesionales o cualquier otra situación similar en la que no haya un mostrador por medio. Allí, la interacción directa y la cercanía física permiten aprovechar el poder sutil de este sentido.

Conclusión: potencia tus ventas con el sentido del tacto

Recuerda:

Acortar la distancia y eliminar cualquier interferencia visual entre ambas personas resulta efectivo para lograr una comunicación más fluida y próxima. Pero si además añades un leve roce, puedes lograr que tu cliente potencial esté más receptivo a cualquiera de tus propuestas. En resumen: el sentido del tacto puede convertirse en una de tus herramientas más potentes para vender más.

¡Soy Neurorachel! Una apasionada del marketing y la neurociencia.

Te ayudo a aplicar neurociencia en su comunicación, la experiencia de cliente para hacerla mucho más humana, empática y emocional.

👉¿Cómo ayudamos? Desde formación en neuromarketing a equipos creativos, de marketing al desarrollo de estudios neurocientíficos en espacios físicos o sobre producto, spot o campaña.

También soy profesora universitaria y ponente en conferencias.

¿Mi misión? Que todas las pymes adquieran las skills para enamorar al cerebro de su cliente ideal, Si quieres, ¡hablamos!

1. ¿Cómo influye el sentido del tacto en la decisión de compra?

El tacto activa regiones cerebrales asociadas al placer y la confianza. Sentir un producto genera un vínculo emocional que aumenta la percepción de calidad, lo que puede facilitar la conversión y aumentar el ticket medio.

2. ¿Por qué nos cuesta más rechazar algo que ya hemos tocado?

Este fenómeno se conoce como “efecto de dotación”. Una vez que tocamos un producto, lo sentimos como “nuestro” antes de comprarlo. Esto activa sesgos como el de posesión, haciendo que valoremos más ese objeto y nos cueste dejarlo.

3. ¿Funciona igual el sentido del tacto en hombres y mujeres?

No siempre. Estudios indican que las mujeres tienden a mostrar mayor sensibilidad táctil y una respuesta emocional más marcada al contacto físico. Esto puede condicionar cómo responden a experiencias de producto en tienda o degustaciones.

4. ¿Qué tipo de productos se benefician más del marketing táctil?

Los productos comestibles, textiles, cosméticos o de lujo son especialmente sensibles al marketing táctil. Cualquier experiencia que permita tocar, probar o manipular aumenta la confianza y puede elevar la intención de compra.

5. ¿Cómo se puede aplicar el tacto en negocios online o digitales?

A través de descripciones sensoriales, imágenes de alta calidad, vídeos de uso y packaging atractivo. Aunque no haya contacto físico, el cerebro puede “imaginar” la textura, lo que activa vías sensoriales similares y genera deseo.

Compradores y sostenibilidad: ¿estamos realmente comprometidos?

el consumo responsable

Explora cómo la neurociencia revela la verdadera relación entre nuestras decisiones de compra y nuestra preocupación por el medio ambiente, y cómo esto impacta en el consumo responsable.

Desde hace varias décadas nos venimos enfrentando a las consecuencias del cambio climático causadas por el ser humano. La mayoría de ellas ya son visibles hoy en día: glaciares que se deshielan, temperaturas más altas, sequía o especies en peligro de extinción, por nombrar solo algunas.

Además, ¿sabías que todavía sigue existiendo el primer cepillo de dientes que se fabricó? El plástico es un material que no se degrada, por ello en la actualidad encontramos numerosas alternativas, desde envases de cristal hasta cepillos de dientes de bambú o botellas de aluminio. Podríamos decir que los consumidores nos hemos vuelto más conscientes y más exigentes cuando llega la hora de comprar y esperamos que las marcas nos ofrezcan opciones más sostenibles. Todo esto forma parte de un creciente interés por el consumo responsable.

¿Pensamos verde, pero compramos igual?

Sin embargo, un estudio realizado en Irlanda por Future Proof Insights ha revelado que, aunque estas opciones existan, tal vez no sean nuestras favoritas en el momento de comprar. Para ello, indagaremos en el comportamiento del consumidor, que estudia los procesos de toma de decisiones, pues, como la neurociencia demostró hace unos años, la mayor parte de la actividad cerebral tiene lugar de forma inconsciente y opera de formas que, a veces, ni siquiera nosotros mismos alcanzamos a comprender.

El objetivo del estudio de Future Proof Insights era conocer la eficacia de los mensajes relacionados con la sostenibilidad con relación al comportamiento del consumidor. ¿El fin? Poder optimizar el marketing de los productos sostenibles para que resultaran más efectivos y permitieran crear un entorno más consciente con el medio ambiente y fomentar el consumo responsable.

Intención vs. acción: lo que dice el cerebro

Por un lado, los sujetos del experimento reconocieron que sus hábitos eran poco sostenibles, pero que tenían intención de cambiar eso. ¿Y qué ocurría con sus acciones? Pues, para estudiarlo, utilizaron varias metodologías de neuromarketing: electroencefalograma (mide las ondas cerebrales), eye tracking (estudia la mirada) y facial coding (captura las microexpresiones faciales). Los participantes fueron expuestos a distintos estímulos relacionados con la sostenibilidad y la hipótesis apuntaba a que eso haría que comprasen de forma más consciente. Finalmente, crearon un modelo de machine learning que entrenaron para calcular cómo los sujetos se enfrentarían a la compra y correlacionarla con la intención.

Los resultados, sin embargo, mostraron una diferencia considerable entre la intención de compra (que seguía principios sostenibles) y la correlación neuronal. Esto podría indicar que, aunque los consumidores aseguran que prefieren productos sostenibles, su respuesta neuronal no. Además, el uso del electroencefalograma confirmó que los estímulos relacionados con la sostenibilidad no lograron generar un efecto inmediato, por lo que es necesaria una mayor exposición a este tipo de mensajes para influir realmente en el consumo responsable.

¿Por qué elegimos lo fácil?

Para acabar, el estudio destacó la complejidad que supone motivar un comportamiento sostenible, pues se observó que los consumidores suelen elegir la opción más fácil para lograr sus objetivos y pasan por alto otras que pueden ser más caras o complicadas. Por ejemplo, ante una botella de leche envasada en cristal o en brick, lo más seguro es que optemos por el brick porque es más económico, más ligero y, simplemente, estamos más familiarizados. Es decir, que nuestro cerebro prefiere la vía rápida: las alternativas sostenibles normalmente requieren un mayor esfuerzo cognitivo que condiciona la decisión final. Esto también es clave para entender las barreras que enfrenta el consumo responsable.

Esto no es nuevo, puesto que otros estudios anteriores han confirmado que lo que decimos que queremos suele diferir de lo que hacemos. De hecho, mi web abre con una frase de David Ogilvy que es perfecta en este contexto: “Los consumidores no piensan en cómo se sienten. No dicen lo que piensan y no hacen lo que dicen”. También ocurre algo similar con la comida: aunque decimos preferir opciones más saludables, la realidad es que las cadenas de comida rápida son cada vez más populares.

¿Cómo fomentar el consumo responsable desde el marketing?

Entonces, ¿cómo podemos vender opciones más sostenibles (o más saludables) para que el consumidor las prefiera? Reduciendo el esfuerzo cognitivo. Es decir, simplificando el mensaje lo máximo posible para que sea fácil de entender y el producto resulte sencillo de utilizar o de consumir. Si parece complicado, lo más probable es que nuestro cerebro decida ignorarlo.

Conclusión: cuando el inconsciente manda

En resumen: este estudio es un ejemplo más de la importancia de conocer nuestro inconsciente. Los datos más recientes aseguran que tomamos el 95 % de las decisiones de forma inconsciente, y eso hace que nuestro cerebro racional a menudo se vea arrastrado a ciertos comportamientos o decisiones que, a veces, no podemos justificar. Por eso las neurociencias y el neuromarketing resultan imprescindibles hoy en día: nos ayudan a entender qué es lo que sucede realmente en la mente de nuestros consumidores… y cómo influir positivamente en el consumo responsable.

 

¡Soy Neurorachel! Una apasionada del marketing y la neurociencia.

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1. ¿Por qué decimos que somos sostenibles pero no actuamos en consecuencia?

Se trata de la brecha entre intención y comportamiento real. A nivel racional apoyamos el consumo responsable, pero al tomar decisiones de compra, factores como el precio, la inmediatez o el hábito suelen prevalecer. Esto se conoce como el efecto “intención-conducta”.

2. ¿Qué papel juega el cerebro en las decisiones de consumo sostenible?

El cerebro busca minimizar el esfuerzo y maximizar la recompensa. Por eso, optamos por productos más accesibles o familiares, aunque contradigan nuestros valores. Para activar el consumo sostenible, es clave generar mensajes que conecten emocionalmente y reduzcan la complejidad.

3. ¿Cómo puede el marketing impulsar decisiones más responsables?

Aplicando principios de neurocomunicación como el storytelling, la prueba social o la disonancia cognitiva positiva. Los mensajes deben ser claros, emocionales y prácticos. Mostrar consecuencias visibles e inmediatas también activa decisiones más conscientes.

4. ¿Cuáles son los sesgos que dificultan el consumo ético?

Algunos de los más frecuentes son el sesgo del presente (preferimos beneficios inmediatos), el sesgo de statu quo (rechazo al cambio) y el sesgo del esfuerzo (evitamos procesos complejos). Todos ellos limitan la adopción de hábitos sostenibles aunque tengamos intención de cambio.

5. ¿Qué estrategias neurocientíficas son efectivas para fomentar la sostenibilidad?

Incluir imágenes con fuerte carga emocional, usar palabras con impacto positivo (“futuro”, “cuidado”, “protección”), activar la empatía con historias reales y fomentar la identidad colectiva (ej. “todos podemos sumar”). Estas acciones generan mayor activación cerebral vinculada a la acción.

¿Por qué surgen las mejores ideas en la noche?

neurociencia y creatividad

Neurociencia y creatividad en los estados de duermevela: ¿por qué surgen ahí las mejores ideas?

¿Alguna vez te has preguntado por qué cuando despertamos en medio de la noche tenemos mejores ideas que cuando estamos despiertos?

Para responder a esta pregunta primero necesitamos conocer algunos aspectos del funcionamiento del cerebro, la comunicación neuronal y las ondas que se derivan de ella. Aquí es donde la neurociencia y creatividad se entrelazan para ofrecernos una explicación fascinante sobre la mente, la inspiración y lo inconsciente.

Cada vez que hacemos una acción motora, tomamos una decisión, recordamos un dato concreto u olemos un aroma, nuestro sistema nervioso está en funcionamiento. En nuestro cerebro existen distintas áreas que se asocian con diferentes funciones; por ejemplo, el hipocampo está involucrado en la memoria, nos ayuda a recuperar recuerdos. Y es precisamente gracias al estudio de la neurociencia y creatividad que podemos empezar a entender cómo surgen ciertas ideas sin buscarlas de forma consciente.

La forma en la que se activan estas áreas tiene lugar cuando las neuronas, las células de nuestro sistema nervioso, se comunican entre sí. El proceso es algo complejo y requiere de un potencial de acción y, cuando ocurre, tiene lugar lo que llamamos sinapsis. Estas sinapsis se pueden medir y, entonces, podemos detectar las ondas cerebrales.

Ondas cerebrales y su papel en la neurociencia y creatividad

Las ondas cerebrales, como todas las ondas, funcionan con distintas frecuencias que se miden en hercios (cada hercio representa un ciclo o repetición por segundo) y se pueden registrar gracias al electroencefalograma o EEG. Es un dispositivo que mide la actividad eléctrica del cerebro a partir de unos sensores que se colocan en el cuero cabelludo. Es una de las herramientas que se utilizan en neuromarketing y también en estudios sobre neurociencia y creatividad.

Las frecuencias de las ondas cerebrales están estrechamente relacionadas con cómo nos sentimos mientras hacemos una determinada tarea: relajados, emocionados o deprimidos. Como veremos ahora, cada una de las ondas cerebrales tiene su frecuencia y nos afecta de un modo u otro. La comprensión de estas dinámicas ha sido clave en los avances recientes de la neurociencia y creatividad aplicadas a campos como el arte, el diseño o incluso la resolución de problemas.

 

Ondas Delta (1 a 3 Hz)

Las ondas Delta son las que tienen una frecuencia más baja, por eso están más presentes mientras dormimos o meditamos. Cuando nuestras neuronas se comunican en frecuencia Delta el sistema nervioso central se regenera y se restaura, por ello el sueño nos resulta reparador. Este tipo de onda también ha sido estudiada en investigaciones sobre neurociencia y creatividad, especialmente en el contexto de descanso creativo.

 

Ondas Theta (3,5 a 7,5 Hz)

Las ondas Theta son las que predominan en estados de calma, cuando nos estamos quedando dormidos (en la fase REM), pero también cuando procesamos información interna y estamos aislados del resto del mundo. Son imprescindibles para el aprendizaje y la memoria y operan con información inconsciente. Quédate con esto último, porque es fundamental para entender cómo la neurociencia y creatividad explican los procesos inconscientes.

Ondas Beta (8 a 13 Hz)

Las ondas Beta están activas la mayoría del tiempo que estamos despiertos. Se ocupan de las tareas que requieren un esfuerzo cognitivo, es decir, cuando estamos resolviendo un problema, concentrados o tomando una decisión. Aquí, la neurociencia y creatividad nos recuerdan que estas ondas, aunque necesarias, pueden limitar el pensamiento libre.

 

Ondas Alfa (12 a 33 Hz)

Las ondas Alfa están presentes cuando estamos despiertos y relajados, pero también algo atentos. El cerebro funciona de forma más lenta, aunque está listo para la acción si se da el caso. Estas ondas también tienen lugar cuando acabamos de terminar una tarea y nos sentimos satisfechos. En este punto, neurociencia y creatividad se relacionan con el concepto de recompensa y bienestar cerebral tras la actividad mental.

 

Ondas Gamma (25 a 100 Hz)

 

Las ondas Gamma nos ayudan a procesar información simultánea. Son rápidas, se producen en ráfagas cortas y están presentes en momentos de mucha atención o concentración. Estas ondas son clave en la integración de experiencias, algo que neurociencia y creatividad consideran esencial en la formación de nuevas ideas complejas.

Creatividad en la noche: el momento dorado para el inconsciente

Pero las ondas también explican el fenómeno cuya pregunta planteaba al inicio: ¿por qué tenemos mejores ideas cuando despertamos en medio de la noche?

Sabemos que el sueño contribuye a restaurar tejidos, segregar hormonas, fijar aprendizajes o equilibrar la mente y las emociones. Mientras estamos dormidos están presentes las ondas Alfa, que tan solo son reemplazadas por las ondas Beta en esos estados de duermevela. Los despertares repentinos generan un momento de transición mientras volvemos a dormirnos o acabamos por despertarnos del todo.

Durante esa transición están presentes las ondas Theta que, como explicaba más arriba, son las protagonistas en los estados de calma, pero también de introspección. Somos ajenos al mundo exterior y podemos permitirnos mirar hacia adentro e imaginar, recordar o fantasear en medio de un estado de semiinconsciencia. Todo ello abre las puertas de nuestro inconsciente, que no se rige por las reglas de nuestro cerebro más racional y que, a veces, es el responsable de coartar o limitar nuestros pensamientos genuinos. Es ahí donde se manifiesta claramente la conexión entre neurociencia y creatividad.

Además, investigaciones recientes en neurociencia y creatividad sugieren que estos momentos de baja frecuencia cerebral favorecen lo que se conoce como pensamiento divergente: una forma de ideación libre, intuitiva y original.

Dalí, Ámsterdam y el inconsciente creativo

De hecho, la creatividad se ha ligado al inconsciente desde hace siglos…
Por ejemplo, para Dalí, el inconsciente era un medio para liberar su imaginación.

Un estudio realizado en 2005 por la Universidad de Ámsterdam quiso indagar sobre el poder que tiene el inconsciente para generar ideas. Se hizo un experimento con varios sujetos donde les pedían resolver retos muy sencillos (por ejemplo, listar palabras que empezaban con una letra concreta) de forma consciente y de forma inconsciente. Los resultados indicaron la relevancia de los pensamientos inconscientes y su relación con la creatividad o el pensamiento divergente. Se planteaba que el inconsciente es más liberal y lleva a generar ideas que son menos obvias y accesibles y más originales y creativas, mientras que el consciente está más enfocado y se dirige al pensamiento convergente.

Este estudio refuerza lo que ya sugiere la neurociencia y creatividad: para pensar de forma innovadora, hay que acceder a los estados mentales menos obvios, más libres y menos racionales.

Conclusión: una puerta abierta a la creatividad nocturna

En definitiva: La ciencia nos desvela que las ondas Theta son las que permiten sacar a la luz ideas creativas en mitad de la noche… una auténtica puerta abierta al inconsciente y a la introspección. Entender el vínculo entre neurociencia y creatividad no solo nos ayuda a comprender este fenómeno, sino también a aprovecharlo conscientemente para generar ideas más originales.

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¿Por qué mi ficha de Google genera clics pero no llamadas o visitas?

 Porque atraer no es lo mismo que convertir. Tu ficha puede estar posicionada, pero si el cerebro del usuario no encuentra señales de seguridad, claridad o emoción… abandona sin interactuar.

¿Qué tiene que ver la neurociencia con una ficha de empresa?

Todo. El 95 % de las decisiones se toman de forma inconsciente. Google My Business es un disparador sensorial y visual que activa atajos mentales como la prueba social (reseñas), la reciprocidad (respuestas empáticas) y la coherencia (fotos + texto + horarios claros).

¿Cómo influye el orden de las fotos en la decisión de clic o compra?

El cerebro procesa primero el rostro humano, luego el contexto, después el entorno. Si tus primeras fotos son impersonales o confusas, no conectas emocionalmente. Si empiezas con imágenes humanas, limpias y con propósito, ganas ventaja instantánea.

¿Es verdad que responder reseñas ayuda al SEO?

Sí, pero además mejora la percepción de cercanía, lo que activa el sistema límbico del cliente potencial. Google lo valora, pero el cliente lo siente.

¿Qué errores comete la mayoría al crear o mantener su ficha?

Usar descripciones genéricas, dejar categorías por defecto, no actualizar horarios reales, ignorar las reseñas y no usar publicaciones. Cada uno de estos errores es una micro-señal de desconfianza.